
"El Chelsea era como una casa de muñecas situada en los límites de la realidad y cada una de su centenar de habitaciones encerraba un pequeño universo. Yo deambulaba por los pasillos al acecho de sus espíritus, vivos o muertos. Mis aventuras consistían en travesuras inocentes como dar un empujoncito a una puerta entreabierta para vislumbrar el piano de cola de Virgil Thomson o remolonear delante de la puerta de Arthur C. Clark con la esperanza de que saliera. De ven en cuando, me tropezaba con Gert Schiff, el erudito alemán, cargado con volúmenes de Picasso, o con Viva perfumada con Eau Sauvage"
"El gran deseo de Robert (Mapplethorpe) era acceder al mundo que rodeaba a Andy Warhol, aunque no quería formar parte de su séquito ni actuar en sus películas. A menudo decía que conocía su juego y pensaba que, si pudiera hablar con él, Andy lo reconocería como a un igual. Aunque yo creía que Robert merecía ser recibido por Andy, me parecía improbable que pudieran dialogar sobre algo importante, porque Andy era como una anguila, perfectamente capaz de eludir cualquier confrontación seria"
"Incluso allí, en el territorio de las supuestas reinonas, Wayne Contry, Holly Woodlawn, Candy Darling y Jackie Curtis no se podían clasificar tan a la ligera. Eran artistas de performance, actrices y cómicas. Wayne era ingeniosa; Candy , guapa, y Holly, teatral, pero yo apostaba por Jackie Curtis. En mi opinión era la que poseía más potencial. Conseguía desviar una conversación solo para soltar una de las frases lapidarias de Bette Davis. Y sabía cómo llevar un vestido barato. Con tanto maquillaje, era la versión setentera de una aspirante a estrella de los años treinta. Purpurina en los párpados. Purpurina en el cabello. Colorete con purpurina. Yo detestaba la purpurina y sentarme con Jackie Curtis significaba irme a casa embadurnada de ella"
"Poco antes de la Navidad, Jackie parecía afligida. Le pedí una bola de nieve, un manjar codiciado e inasequible. Era un enorme pedazo de tarta de chocolate rellena de helado de vainilla y cubierta de tiras de coco. Ella se la comió mientras el helado se manchaba con la purpurina de sus lágrimas. Candy Darling se sentó a su lado y la consoló con su voz tranquilizante mientras metía la uña pintada en su plato"
"Jackie y Candy me conmovían especialmente por su modo de vivir la fantasía de que serían actrices. Ambas tenían facetas de Mildred Rogers, la vulgar camarera analfabeta de Servidumbre humana. Candy tenía el físico de Kim Novak, y Jackie, su dicción. Las dos se habían adelantado a su tiempo, pero no vivieron lo suficiente para ver la época a la que se habían adelantado"
"Just Kids", Patti Smith (Lumen 2010)