Richardson en sus sueños más íntimos e inconfesables sueña con ese futuro momento en el que se hablará de él como el sucesor directo del gran Helmut Newton. No sabe Richardson que en las fotos de Newton las que mandaban eran las hembras, mientras que en sus sesiones más personales lo que manda es el ímpulso que su cerebro manda a su polla para que el último sentimiento al visionar una de sus fotografías sea el de su puro lucimiento.